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Jaisalmer y el desierto del Thar

Después de pasar toda la mañana visitando la ciudad dorada y recorriendo sus estrechas callejuelas (ver post), nos vamos al hotel para comer y descansar un rato, ya que a las 16:30 nos recoge nuestro guía para llevarnos hasta el desierto del Thar.

La comida del restaurante del hotel está riquísima, comimos chicken korma, butter nan y zeera aloo (patatas especiadas con comino que ya habíamos cocinado en nuestro curso de cocina en Udaipur), todo por 390 rupias, unos 5,5 € en total.

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A unos 50 kilómetros de Jaisalmer se encuentra el pequeño pueblo de Khuri, formado por un montón de viviendas de adobe, decoradas con figuras geométricas de varios colores. Merece la pena hacer una excursión en camello por las dunas y al caer la tarde disfrutar de una preciosa puesta de sol.

Las dunas de khuri son verdaderamente espectaculares, montículos de arena casi virgen, con formas increíbles moldeadas por el viento, en las que uno puede correr y saltar entre la arena. El sol se va poniendo poco a poco, lo que permite contemplar una de las puestas de sol más bonitas que haya visto jamás.

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Después de contemplar la puesta de sol tan espectacular, volvemos al poblado para disfrutar de una riquísima cena en el desierto a base de chapati y arroz aderezado con distintos curries. Mientras cenamos, pudimos disfrutar de danzas típicas del Rajastán.

Nosotros decidimos no pasar la noche en el desierto, aunque es posible hacerlo, pero el viento y el frío resultan demasiado incómodos para descansar y a la mañana siguiente nos esperaban otro montón de horas en carretera hasta llegar a Pushkar, así que después de la cena volvimos a nuestro hotel a dormir. ¡Había sido un día increíble!

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No hace falta decir que la India es un país especial, eso no cabe ninguna duda, fascinante en todos los sentidos, mágica y sorprendente, pero también es un destino difícil e intenso, muy intenso, hasta el punto de desbordarnos si no vamos lo suficientemente preparados. La india es inmensa en todos los aspectos, en su belleza, en su misticismo, en su religiosidad, en sus colores, pero también en lo malo, ruidosa, bulliciosa, sucia y, al final, puede resultar desagradable. Sin embargo Jaisalmer, con su inmenso desierto del Thar, se ha convertido en un oasis de paz y silencio, perfecto para poder desconectar del intenso frenesí de la India.

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